Tiempos sin asperezas

          El territorio ha cambiado. Hoy, ayer y mañana. Estos suelos no son estáticos ni perecederos; son mutantes, fluctuantes, fluidos. Tras la ventana las montañas parecen pinturas inmóviles, esculturas de mármol. Tenemos tiempos diferentes: Hemos envejecido y el paisaje apenas se despereza. Bajo los pasos todo se mueve a ritmos constantes, casi imperceptibles. El territorio vive y se mueve, moldeado por vientos, gases, líquidos, truenos, sismos. Una lija no cesa de frotar el espacio donde nos resguardamos. Somos espectadores, actores y testigos de que la figura cambia bajo y sobre nuestros cuerpos. La impermanencia rige este tiempo sin asperezas, tiempo lijado una y otra vez, tiempo de formas inestables, tiempo inalcanzable.

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