Sinnombres

          Acaso la obra se ha enamorado del orden. De uno nuevo, uno sin temor a ser destruido, pues confía en que el orden es transitivo, cambiante e inmortal. El constante cambio, la reorganización, la estructura permanente en cualquier cuerpo. El objeto se crea o se nombra bajo funciones y estéticas, se usa, se impregna de historia, de segundos, instantes, se abandona, pero sigue siendo, sigue teniendo un orden, sea el original, el inicial, o uno diferente que el tiempo mismo le ha causado. Luego cae en el obsoletismo, donde puede ser descuartizado o intervenido por el peso del desamparo.  La obra lo toma pero no lo revive porque nunca ha muerto, quizás ha cambiado su estructura. Ahora es un lienzo, como el lienzo siempre ha sido un objeto unicolor. Ahora es una pintura, una con volumen, como siempre. Ahora el objeto sigue siéndolo, pero es poesía, ni menos ni más.

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