Danzadoras

          Cuando me preguntan por qué se llaman DANZADORAS, me imagino una persiana flotando en el espacio con una música que jamás será escuchada sino por ella. Me gusta pensar que son la transmutación del objeto al dibujo. Y digo transmutación porque las líneas arman la imagen y también son el cuerpo que va abandonando el objeto. Mientras nace el dibujo en un plano oscuro, la persiana muere en mi mano.

 

          Es interesante ver el papel lija como un hoyo negro solidario: succiona lo que toca, pero nos deja ver su nueva posesión.  Y no perdona, cosa que le da determinación a la obra. A veces quisiera poder borrar una línea de más, luego entiendo que la persiana no tiene errores, son solo la danza de su cuerpo con la insinuación de sus vacíos.

 

          Miro hacia arriba y veo en la noche una lija que se lleva las horas. Allá estarán los trazos. Acá estaré yo, frente a la mesa, frente al dibujo, frente a un fondo negro, frente a las danzadoras.